por protervidad

¿Cómo hablarte desde aquí si mutilaron cada miembro de mi voz?

¿Cómo recordarte que en las manos llevo un mapa y una brújula para ver si me extravío de esta mi locura de sin ti?

 ¿Cómo, si tu cuerpo está tan lejos de mi abismo, allí donde lo veo y no lo toco?

-Daniela Camacho-

 

Muerdo la antigüedad de mi cuerpo, como es preciso morder la muerte, cómo cantar una plegaria a un cuerpo que celularmente se integra de la ausencia que me dejas desde el universo y su violencia; abro el silencio con la palabra y voz,  llanto, prefiero abrir el cuerpo para decirte te amo, el corazón de la ebriedad, el caballo del silencio, una piel de angustia y sed, una imagen  de agresividad para hacer un eco bulbar, para llenarme de orgullo cuando me impregnas de esa sustancia blanca y purísima que me exhorta las paredes a contraerte hasta parirte en la belleza de un orgasmo filogénesis, el oxígeno de tu sexo me respira cada órgano, un músculo fluido me conecta con tu infinito, me evaporo entre tu boca cuando decoras mis genitales con esa saliva bendita y manantial que me escribe la historia del amor en cada fascículo, las trompas de Falopio son dos planetas a punto de implosionar, uno Venus  y uno que inventé para llevar mi vergüenza a su suelo; tenderme entonces tuya y animal, quiero gritarle a tu sexo que es soez y tierno, que es ferocidad y poesía. O unos ojos que son relámpago y terminan por socavarme en las lágrimas de una bestia que se desnuda y abraza el sorbo, bebe de un vino extraído de la sangre de Magdalena; acunarte el pecho cuando la madrugada es inhumana, lavar con mi sangre tus pies al besarlos con la maternidad necesaria para que sientas estremecer la palabra madre, también la palabra ómphalus, para que regreses a tu cordón umbilical mediante el hilo que doy a luz en el instante que te adoro y me nazco en el dolor de renacer en una línea que escribe tu nombre, conectarlo a tu ombligo y dejarte líquido con una palabra de agua y una palabra eterna en la piedra, en el vientre del dios que me inventé para curarme cuando te vayas.

El templo de tu cuerpo, el árbol vertebral que me inyecté para predicarte. Soportarme ajena fuera de tu silencio.

Winifer Ravelo

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