por protervidad

Una boca láctea, isospórea, térmica a punto de reventar, que se deshila con el movimiento genético, una boca que me quita toda palabra, me hace maullar la locura en círculos, en fases y repetirla verbalizando la saliva de mi propio nacimiento, babearnos de tanto verbo, conducir cámaras obscuras y mojadas, ágiles, porosas, hoscas, dos anfibios tenemos adentro, pero a mi anfibio se le hierve la sangre con el animal que tienes en tu boca, secreta y mística.  De murciélagos y desahogos,  de tierras yermas y espumas metálicas; de tu boca flotaban mariposas alucinadas, volaban colores en vez de aire, el oxígeno era perforado con la rapidez de un haz, era embriagado de gemido callado desde la garganta hasta mi boca secundaria, que se entreabría a recibir el oxígeno que no entraba desde nuestras boca fornicándose, me aireaba la boca inferior, te llamaba con el silencio destilado.

 

Nuestras bocas superiores no eras dos, se fusionaban terráqueas y miserables de tanta belleza; las bocas inferiores nombraban las palabras entonces, palabras como un animal hembra pariendo arboles de porcelana, palabras como una hembra (que era yo) pariéndote desde la sustancia lunar, adjudicándote un grito desde mi órgano palmípedo que se aprendió tu nacimiento manantial, que se brotó la niñez desde adentro y te dice palabras de mujer tuya, mujer mía, mujer evaporándose.

 

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