por protervidad

Ésta voz que es mía,

me desatiende

he alcanzado la oración mientras debo en la piedad un órgano,

inubicable y perpetuo con la sangre muda entre la boca tibia

músculo desdoblado a una extensión ciega de sombras,

qué la palabra sea el desierto de venas incesantes,

qué el olvido sea la vigilia por descifrar los árboles;

invoco alucinante, dónde el vértigo.

dónde las costillas me crucifiquen el silencio de la tumba. 

 

Masao Yamamoto

Anuncios