por protervidad

la noche
es una escalera

y en el medio
hay un escalón roto

es ahí
donde habitan las pesadillas

Sarco Lange.

 

Picasso, nunca escribió algún poema, -¿cómo hubiese sido un poema de Picasso?-, entonces; duele como murciélagos degollados en el sexo de una condesa sangrienta.

Prenupcial la arquitectura que desconozco, entre la cicatriz y la raja que me introduce las veces necesarias en mi cuerpo invisible.

Pero hallaré en algún tiempo la saliva necesaria para escupir la noche, quitarle la ropa; la noche siempre tiene los dedos abiertos, es perfecta para seducirla y arribarle en las tetas inmensos fantasmas de hierba y martirio.

Desdoblarle el vientre, cántico, sostenerle los fluidos que desde arriba caen y nos impregnan.

Estamos principiantes en ésta gravedad sin progreso donde todo negro, todo blanco, queda asmático con la malversación fetal de cromo y yodo en los intestinos.

¿El sentido?, No sé escribirme, silvestre fracaso.

La sangre enerva y descubre, abatirá en el manicomio celta donde todos los sonidos entre ataraxias golpean tu nombre, -subterránea a los relámpagos de las putas en los museos-.

Deglución

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