por protervidad

El charco de luz al borde de las escaleras, la continuidad del claroscuro en las principales escenas que se ensayan en el pasillo último, la niña y el asesino, el abandono prematuro de una matriz inconcebible, la inocencia rota, réquiem primero, irreversible, el director ordena repetir la escena-corte, no, no, ¡necesito que vivas las palabras!, es como el agua- adaptación simultánea-piensa la chiquilla- desde el comienzo el asesino puesta en marcha prosigue el parlamento, se acerca a la niña -desde la ventana-, el arma sintética se desplaza cortándole el cabello como algodones desintegrados, tres y cincuenta y siete minuto, R se adelanta, le tomó la muñeca, en suspicacia bajo la mesa- se apagan las luces- un grito, la niña arrodillada, entre tinieblas se arrepiente de actuare en su peor miedo.

Todos se detienen, ella llora, en su gesto pseudo decidido fuma un cigarrillo que destruye su labios mal pintados, la niña fue puta antes de tiempo, el sonido de sus huesos rotos se deformaron incesablemente al observar bajo la mesa –a pesar de la oscuridad- se vio demasiado niña para asumirse en la maleza, -todo retorna, bajo la mesa de nuevo- R acaricia sus mejillas, la chiquilla incentiva pero se detiene, -corte la escena es una fracaso-., las putas de doce no existen. La chiquilla reinicia, toma al asesino, (bajo la mesa)-húmeda- le confiesa sus deseos, R-fuera de personaje- adquiere sus actos, se apagan las luces y fuera de escena el asesino ha muerto diminutamente.

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