por protervidad

Desesperé inhóspita las tragedias,

en mediocres divisiones cerebrales,

aborté la poesía,

observé que desangró como noviembre delirante

y me extravíe en un sollozo

que escucha la noche,

como exilio morfológico

de sus vísceras agónicas.

Conjuro para el silencio.

Anita Beber

Suicidé mi muerte,

en una jaula de instinto,

naufragué caída en el adiós que me dí,

fue vagabundo y fúnebre

penumbra ilusiva de permanecerme auténtica

a la inquietud del silencio.

 

Malditos los amuletos,

que han descansado esplendorosos

de supremacías salvajes

a esperanzas de lágrimas rotas

que amargan el dolor

en templos inmortales.

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