por protervidad

1ra alucinación:

     Sin embargo, observa al mundo como un hondo que habita en cada esquina nerviosa, como un organismo, una funcionalidad, uno o miles de tantos de hilos que nos ahorcan enredados en el fin de un propio espacio; Matías, escúchame, sí, sí ya sé que posibilitándome la lengua ni el mismísimo cerebro podrá ser titulo para la credibilidad, la palabra obertura, cómo decirte que su sonido Matías es un instintos visceral, un líquido espasmódico como lágrimas, -.sí, lágrimas, así como cuando te contienes  en el bus recordando la más falsa mentira y no quieres Matías, empaparlos a todos de tu llanto, tan teatro, todos Matías, me tildan de dramática, ¡porqué Matías!, no entiendo, yo creí que sen-tir, era la unión instantánea de extraernos, pensé que me entenderían tanto, pero no, todo se fue quebrando como ramitas que secas por el otoño se redactan muertas, su olor es tan museo Matías, sí, ¿sabes? El olor de los museos, es un aroma tan seco, tan disecado, tan silencio, me recuerda a la señorita que conocí en la universidad, ella siempre olía el agua, la otra señorita que ha querido suicidarse y no tiene tributo de muerta y ama el olor de las clínicas, Matías ¿y yo? ¡yo Matías! ¿Qué amo?, -.nada Matías no amo nada, ni siquiera la grieta que elaboré en mi cama donde tantos libros pañuelitos de lágrimas se me alojan húmedos dentro de la madera, entonces hay un olor a tierra, y cuánto lo recuerdo con ese olor a tierra mojada aquella vez cuando se calló e hizo una pintura hermosa en su piel, era tan Kline con tierra y sangre, una forma tan abstracta como lo que te voy diciendo ahora.

Matías, eran las 3:00 am de la madrugada, ese tipo de horarios donde todos estamos despiertos pero no lo comunicamos, esa norma social del horario, la no-fragilidad de confesarle a otro que te despiertas como loco porque no es él el que te despierta; ¡Ay! Matías, escribí trece veces obertura, era una repetición diferenciada una de otra, en cada una iba tan rota por el desplazamiento del abrazo a mí misma, la palabra era un embrollo que daba vuelta por todo el escritorio, odio tanto las lámparas de madrugadas, siempre las velas casi gastadas son más protagónica de esa escena que elaboras en tercera persona y luego la observas desde perspectivas fascinantes, lloras entonces porque te ves en función, te crees famosa a ti misma y dices que la realidad existe por creerte famosa o por creerte tan solo, obertura, obertura, obertura, ¡obertura! ¿A dónde quería llegar Matías? Oh- fue el efecto inmediato de mi expresión-., mi mudez al reconocerlo, era él Matías, estaba como siempre al final del pasillo, ¿Por qué las mejores trifulcas internas ocurren al final de un pasillo blanco? Era como un hospital, vacío, ¡pero no!, espera, estaba completo, entiéndeme Matías, estaba él con todo un rojo regado en la baldosa, rechinaba, era tan brillante desde el rojo hasta el blanco del piso, se mezclaban Matías y yo me veía en el núcleo de eso, Matías, yo sentía tanto miedo, B siempre sonreía, era una fuga cántica y yo me imaginaba toda su anatomía cociéndose dentro de un cuadro pintado por él mismo, me supuré inmóvil hasta el momento de la genuflexión, sí, ¡si, sí!, los hilos manchados, los hilos unidos y manchados, la silueta era hermosa, un romance del diablo, una de esas bellezas  terroríficas que tanto vislumbró a Baudelaire, Matías, yo sé, ¡lo sé!, la belleza es tan subjetiva, pero ese cuerpo era hermoso, podía ver los nervios dibujados debajo  de la piel de óleo, veía sus máculas óseas , era un cuerpo Matías, era hermoso, era una fémina y me dolía, me dolía tanto ir subiendo la mirada luego de haberme impactado desde la vista creciente hasta el rostro, su cuello, sus clavículas, eran biológicamente sucedáneas a lo real, sí, sí, era tan real, pero Matías, me vi de nuevo escribiendo obertura con raíces de cristales por todo el escritorio que me abrazaban toda, me vi con una obertura antes de ver el rostro de su pintura, un vidrio expele y me sangro, Matías y veo turbio, estaba mirando su cuadro de nuevo, el rostro, Matías era su rostro, ¡era su mismo rostros Matías!, tenía su mismo rostro con mi mismo cuerpo, ¡diásporas por mis manos pintadas y su mismo rostro!, yo me acuchillaba Matías, dentro de la pintura yo moría y su cara, que era la su cara mi mismo cuerpo en ese cuadro, me besaba; bailé tango Matías, él me vio tan triste al verme morirme en su cuadro, que bailamos tango Matías, nos hicimos el amor bailando tango, su rostro era fastuoso, él mismo que me veía deslizarse cuando bailamos el tango, me desnudó Matías, me pinto un vestido rojo con sus manos, Perlman sonada, era mi réquiem con él Matías, el pasillo blanco estaba rojo, por todos lados tenía células que él pintaba, Matías-.¡Yo volvía a ver el cuadro de B, su rostro y mi cuerpo Matías, ¡el pintó su rostro con mi cuerpo! ¿por qué Matías, ¡por qué!?, el terminó pintando mis lágrimas de verde Matías, de un verde que al caer morían tierra, todo el diván donde el pintaba ya no era rojo como yo, era tierra, tenía el color de la tierra seca, luego comprendí Matías, entendí, él me amaba tanto que yo sería el riego de esa tierra en su diván, yo sería humedad para la tierra, él sabía que amaba tanto la tierra húmeda; Matías y al caer sentada, ¡al caer! en osamentas me vi idéntica a como B me había pintado en su cuadro, me inmolaba Matías, él se vino acercando hasta besarme Matías y sus pinceles fueron una guillotina en mi cuerpo, cerca de mi pecho Matías, B hizo realidad su cuadro yo me vi, antes de morir, me observé mi cuerpo y su rostro, sufrí idéntica a la escena dentro del cuadro., y no desperté Matías, jamás desperté, morí como una obra de arte, no fue pesadilla Matías no, por eso no desperté de la cama con afán respirando hondo porque sólo era un sueño, ¡no!, pero sí, como una psicosis sí desperté,  viví de nuevo, ahora estoy en tu cabeza, en este hospital psiquiátrico manchado de rojo porque te desangras al escucharme dentro de ti…

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