por protervidad

“¿Acaso estoy deseando penetrar tu cuello, tu vena, succionar tu sangre, saborearla, y encontrar así tu muerte, regártela, ser eterno?
Norberto José Olivar
Morirse es una fiesta.

Nos despoblábamos tan sucios en una sangre ahuecada por el origen del mundo. Mi madre me parió con dolor, reposada en su manual de muerte metafísica, y su palabra tan oscura y antropológica le hizo estudiarse los huesos para desprenderse de mi origen. Monótona de sudor, perdida con raíces nostálgicas, entonces el demonio se desnudó y su raza me enseñó un vocablo de olvido, me derrotó; inexorable con el vientre entregado a la naturaleza que fue historia dentro de sus manos, todo aquello socavaba por las estaciones del metro, por las notas que marcan el último suceso del libro que te secuestró el sueño, por el poema que se repite y te robó tantas veces con la lengua sucia tu adolescencia.
El espasmo vaporoso de permitirse soberbia entrañable como las bestias de médulas ráfagas, porque las bestias también aman, los demonios lloran delgadamente un orilla turquesa oxidada por su sonido de despedida, ¡cómo han de llorar los demonios!, se diseminan hinchados y todo es tan febril que fustiga hermosura, entonces le enseñan al viento que las vértebras de oxígenos son la condensación de sus lágrimas derramadas, los demonios también fueron vírgenes, amaron y desamaron, son demonios ahora, porque la espina-tiempo les cortó el silencio transcurrido como la sangre de la ilusión seca, fallecida con el nombre de la memoria muerta, pero se reproducen ahora impúdicos en la carne de los poetas que se desaparecen en la humedad se sus rituales-abismos.

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