por protervidad

Elena, ¡mata la sombra sólida con el coagulo en doblego!,  bermejo en sinopsis repetía aleatoriamente con tono vegetal, pareciendo el absurdo de las semánticas, se rebuscaba en el espejo, la mancha azul en el cuello la repetía varias veces, eran mil firmas de temor, no tiembles Elena, sonríe, con tu conflicto de hermosura; el espejo desconoce lo que ya ha repetido tantas veces, ¡debes recordarlo!, el fin de una misma realidad nos sorprende, de aquél lado ella en el tratamiento que debería publicarse en el físico de tus pánicos, bifurca por los laterales, las costillas y la sangre escribe de nuevo el asunto, la posdata del espejo, registra, seis cuarenta y siete minutos, Elena se desenlaza con una máscara de belleza, como nosotros debía de reconstruir la sorpresa, al llegar el segundo relato, la posdata se repite, difiere considerablemente ésta vez, Elena ya no seguirá escribiendo…  Los cuentos apenas en la tarde del domingo redactaban el reverso, lo designó tan desenfrenadamente que optó por protagonizar el papel, y como su mejor alternativa, en efecto, ubicó su postura en el papel protagónico que llevaba por título, “La muerte de la señorita Heeith”.

Finalmente el lenguaje en premisa marcó intolerablemente sus tejidos elaborados como la mejor creación, qué en vueltas abiertas de signos,  la epistemología le refuta las alas a la muerta, luego de haber roto el mejor esquema con coincidente originalidad posible, productiva en la temática y suspenso, su mejor obra, recibió después de correr su monólogo doloroso…

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